Matthieu Ricard .- Entrenar la mente, cambiar el cerebro y abrir el corazón

Hasta hace poco tiempo, el cerebro era entendido como una estructura fija que se desarrollaba durante la infancia y que permanecía casi sin cambios durante toda la vida, hasta que comenzaba a deteriorarse con la vejez. Sin embargo, durante los últimos 10 años, el término “neuroplasticidad” (la capacidad que tiene el cerebro de cambiar a través de la experiencia) se ha hecho popular en las neurociencias, en la psicología, y en la cultura pop, especialmente después de la publicación del libro “El Cerebro que se Cambia a Sí Mismo”, de Norman Doidge.

La mente usa el cerebro para cambiarse a sí misma.

La investigación reciente en neuroplasticidad se ha focalizado principalmente en cómo el cerebro cambia a través del entrenamiento cognitivo y de las capacidades conductuales. Pero, ¿qué pasa con las emociones? ¿Es posible detectar cambios en el cerebro adulto a través del entrenamiento de las emociones? Y más específicamente: ¿Es posible entrenar emociones positivas y pro-sociales de tal manera que se vuelvan más disponibles en el repertorio emocional de las personas, tal como lo afirman las tradiciones contemplativas?

Un equipo de investigadores liderados por Tania Singer del Instituto Max Planck en Leipzig enfrentó esta pregunta a través de una investigación publicada en la edición de Junio del 2012 en la revista Cerebral Cortex. Para evaluar si el entrenamiento en la compasión tendría un efecto en las funciones cerebrales y en las emociones, estos investigadores midieron la activación cerebral en adultos a través de imagenología cerebral (fMRI), junto con test psicológicos para evaluar cambios en emociones positivas y negativas, y en la empatía antes y después de un entrenamiento de sólo seis horas en la meditación del amor incondicional y la compasión. El grupo de control recibió un entrenamiento para agilizar la memoria. Las imágenes del cerebro fueron grabadas mientras se les mostraba a los participantes videoclips de personas sufriendo en situaciones de la vida real.

Como los investigadores habían previsto, los videoclips activaron la ínsula anterior y el cortex del cíngulo anterior en el cerebro de los participantes (áreas que están asociadas con la empatía hacia el dolor de los otros). Lo que cambió después del breve entrenamiento en la compasión fue que las partes del cerebro asociadas con algunas emociones placenteras, tales como el amor, el cuidado, y la afiliación (de hecho, las mismas áreas que se activan cuando uno se come un chocolate o cuando ve una sonrisa hermosa, la corteza orbitofrontal, el área tegmental ventral, el putamen, y el pallidum) también se activaron. Esto no quiere decir que el entrenamiento en la compasión inhibiera la capacidad de reconocer y resonar con imágenes de sufrimiento humano. De hecho, las áreas cerebro asociadas a la empatía siguieron respondiendo, y los participantes siguieron manifestaron emociones acordes con las imágenes, así que su conciencia de lo que estaba ocurriendo se mantuvo intacta. Sin embargo, luego del entrenamiento, el sufrimiento no era lo único que había en la experiencia: Ahora había demás una calidez afectiva y estados mentales positivos (ternura, amor, cuidado) dirigidos hacia las personas en los videoclips, lo cual es central en la compasión.

Los hallazgos de Singer y su equipo tienen implicancias concretas para nuestra vida diaria. Por ejemplo, imagínate que estás pasando un momento difícil y que te estás sintiendo bastante triste. ¿Qué sería más útil en ese momento: la compañía de alguien que resonara con tu dolor y que se quedara completamente absorbido en tu tristeza, o alguien que fuera capaz de resonar con tu tristeza, pero que fuese capaz de generar emociones positivas? Probablemente, el segundo escenario sea el que más te ayudaría a aceptar, aliviar y transformar tu dolor.

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Matthieu Ricard. Monje Budista en el laboratorio Max Planck.

¿Y qué pasa cuando te encuentras en el otro lado de la ecuación, cuando eres tú quien está ofreciendo el apoyo emocional alguien que está sufriendo? La respuesta compasiva te ayuda a acceder a tus recursos psicológicos, neuronales, y espirituales para poder ayudar al otro efectivamente sin sentirte sobrepasado. Matthieu Ricard, el monje budista francés que ha servido como sujeto experimental en muchas investigaciones sobre los efectos neurológicos de las prácticas contemplativas, sugiere que un modo de lidiar con el burnout y la fatiga empática consiste precisamente en cultivar el amor y la compasión incondicional hacia la persona que sufre. Ese amor y compasión puede contrarrestar la sensación de estrés y desempoderamiento que la empatía por sí sola puede generar. Según Ricard, cuando a la empatía se suma la compasión, las personas pueden generar estados mentales y actitudes constructivas, tales como la valentía compasiva.

Esta entrada fue publicada en Ciencia Contemplativa, Uncategorized y etiquetada como Amor, ciencia, compasión, Investigación, Matthieu Ricard, TaniaSinger.

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